Colección de discursos agrupados temáticamente

Vakkali Sutta

22.87. Discurso con Vakkali

Esto he escuchado. En una ocasión, el Bienaventurado estaba morando en la Arboleda de los Bambúes cerca de Rajagaha, en el lugar donde las ardillas van en busca de la comida. Al mismo tiempo, el Venerable Vakkali estaba morando en el cobertizo del alfarero, aquejado, afligido y gravemente enfermo. Entonces, el Venerable Vakkali dijo a sus asistentes: “Id, amigos, acercaos al Bienaventurado, rendidle homenaje en mi nombre con vuestras cabezas inclinadas hacia sus pies y decidle: ‘Venerable señor, el monje Vakkali está aquejado, afligido y gravemente enfermo y le rinde homenaje con su cabeza inclinada hacia sus pies’. Después decid: ‘sería bueno, venerable señor, que el Bienaventurado se acercara al monje Vakkali movido por la compasión’”.

“Sí, amigo”, respondieron aquellos monjes y se acercaron al Bienaventurado, le rindieron homenaje, se sentaron a un lado y le entregaron el mensaje. Y el Bienaventurado consintió en silencio.

Acto seguido, el Bienaventurado se vistió, tomó su cuenco y el hábito exterior, y se acercó al Venerable Vakkali. Y el Venerable Vakkali visualizó al Bienaventurado desde cierta distancia cuando estaba llegando y se estiró en su cama . Entonces, el Bienaventurado le dijo: “Ya es suficiente, Vakkali, no te estires más en tu cama. Allí hay unos asientos preparados y voy a sentarme allí”.

Después de lo cual, el Bienaventurado se sentó en el asiento que estaba preparado para él y dijo al Venerable Vakkali lo siguiente: “Espero que lo estés soportando bien, Vakkali, espero que te encuentres mejor. Espero que tu sensación penosa esté disminuyendo y no incrementándose, y que esta disminución es la que se puede discernir y no su incremento”.

“Venerable señor, no lo estoy soportando bien ni me encuentro mejor. Una fuerte sensación penosa se está incrementando en mí y no disminuyendo, y este incremento es el que se puede discernir y no su disminución”.

“Espero, Vakkali, que no estás turbado por remordimiento y pesar algunos”.

“En efecto, venerable señor, tengo bastante remordimientos y pesares”.

“Espero, Vakkali, que no tienes nada que reprocharte con respecto a la virtud”.

“No tengo nada que reprocharme, venerable señor, con respecto a la virtud”.

“Entonces, Vakkali, si no tienes nada que reprocharte con respecto a la virtud, ¿por qué estás turbado por remordimiento y pesar?”.

“Por mucho tiempo, venerable señor, quise poder ver al Bienaventurado pero no estaba de suficiente buena forma para hacerlo”.

“Es suficiente, Vakkali, ¿por qué quieres ver este asqueroso cuerpo? Alguien que ve el Dhamma me ve a mí; alguien que me ve a mí, ve el Dhamma. Para ver el Dhamma, Vakkali, uno me ve a mí; y viéndome a mí, uno ve el Dhamma.

“¿Qué opinas, Vakkali, es la forma permanente o impermanente?"—"Impermanente, venerable señor”.—"Y aquello que es impermanente, ¿es placentero o insatisfactorio?"—"Es insatisfactorio, venerable señor”.—"Y aquello que es impermanente, insatisfactorio y sujeto a cambios, ¿se puede considerar así: ‘esto es mío, esto soy yo, esto es mi ser’?"—"No, venerable señor”.

“Y ¿qué opinas, Vakkali, es la sensación permanente o impermanente?… ¿Es la percepción permanente o impermanente?… ¿Son las formaciones mentales permanentes o impermanentes?… ¿Es la conciencia permanente o impermanente?"—"Impermanente, venerable señor”.—"Y aquello que es impermanente, ¿es placentero o insatisfactorio?"—"Es insatisfactorio, venerable señor”.—"Y aquello que es impermanente, insatisfactorio y sujeto a cambios, ¿se puede considerar así: ‘esto es mío, esto soy yo, esto es mi ser’?"—"No, venerable señor”.

“Viendo las cosas de esta manera, Vakkali, el instruido noble discípulo experimenta repugnancia hacia la forma, repugnancia hacia la sensación, repugnancia hacia la percepción, repugnancia hacia las formaciones mentales y repugnancia hacia la conciencia. Experimentando repugnancia, llega a ser desapasionado. A través del desapasionamiento, su mente llega a liberarse. Cuando está liberado, le llega el siguiente conocimiento: ‘Esta es la liberación’. Y entiende así: ‘El nacimiento ha sido destruido, la vida santa ha sido vivida, lo que estaba por hacer, ha sido realizado, y he aquí no hay más futuras existencias’”.

Acto seguido, habiendo ofrecido esta exhortación al Venerable Vakkali, el Bienaventurado se levantó de su asiento y se fue hacia el monte Pico de Buitre.

Entonces, no mucho tiempo después de que el Bienaventurado se hubo retirado de ahí, el Venerable Vakkali se dirigió a sus asistentes con estas palabras: “Venid, amigos, alzadme sobre este lecho y llevadme a la Roca Negra de la pendiente Isigili . ¿Cómo puede alguien como yo pensar en morir en medio de las casas?”.

“Sí, amigo”, respondieron aquellos monjes y alzaron al Venerable Vakkali sobre el lecho y lo llevaron a la Roca Negra de la pendiente Isigili.

Mientras tanto, el Bienaventurado pasó el resto de aquel día y la noche en el monte Pico de Buitre. Entonces, cuando la noche ya estaba bien avanzada, dos jóvenes devas de extraordinaria belleza se acercaron al Bienaventurado, iluminando todo el monte Pico de Buitre, le rindieron homenaje y se pararon a un lado. Una vez parados ahí, uno de los devas jóvenes dijo: “Venerable señor, el monje Vakkali tiene la intención de la liberación.” Y el otro deva joven dijo: “Ciertamente, venerable señor, él será liberado como alguien bien liberado”. Esto es lo que aquellos jóvenes devas dijeron y, habiéndolo dicho, rindieron homenaje al Bienaventurado y, manteniendo siempre al Bienaventurado a su mano derecha, desaparecieron de ahí.

Entonces, pasada la noche, el Bienaventurado se dirigió a los monjes con estas palabras: “Id, monjes, y acercaos al monje Vakkali y decidle: ‘Amigo Vakkali, escucha las palabras del Bienaventurado y dos jóvenes devas. Anoche, amigo, cuando la noche ya estaba bien avanzada, dos jóvenes devas de extraordinaria belleza se acercaron al Bienaventurado, iluminando todo el monte Pico de Buitre, le rindieron homenaje y se pararon a un lado. Una vez parados ahí, uno de los devas jóvenes dijo: «Venerable señor, el monje Vakkali tiene la intención de la liberación». Y el otro deva joven dijo: «Ciertamente, venerable señor, él será liberado como alguien bien liberado». Y el Bienaventurado te dice: «No temas, Vakkali, no tengas miedo. Tu muerte no será mala. Tu deceso no será malo»’”.

“Así sea, venerable señor”, respondieron aquellos monjes y se acercaron al Venerable Vakkali y le dijeron: “Escucha, amigo Vakkali, las palabras del Bienaventurado y de dos jóvenes devas”.

Entonces, el Venerable Vakkali se dirigió a sus asistentes con estas palabras: “Venid, amigos, bajadme de este lecho. ¿Cómo uno podría pensar en escuchar las palabras del Bienaventurado estando sentado en un asiento alto?”.

“Sí, amigo”, respondieron aquellos monjes, y bajaron al Venerable Vakkali del lecho.

“Anoche, amigo, cuando la noche ya estaba bien avanzada, dos jóvenes devas de extraordinaria belleza se acercaron al Bienaventurado, iluminando todo el monte Pico de Buitre, le rindieron homenaje y se pararon a un lado. Una vez parados ahí, uno de los devas jóvenes dijo: ‘Venerable señor, el monje Vakkali tiene la intención de la liberación’. Y el otro deva joven dijo: ‘Ciertamente, venerable señor, él será liberado como alguien bien liberado’. Y el Bienaventurado te dice: ‘No temas, Vakkali, no tengas miedo. Tu muerte no será mala. Tu deceso no será malo’”.

“Bien, amigos. Rendid homenaje de mi parte al Bienaventurado con vuestras cabezas inclinadas hacia sus pies y decidle: ‘Venerable señor, el monje Vakkali está aquejado, afligido y gravemente enfermo y le rinde homenaje con su cabeza inclinada hacia sus pies’. Después decidle: ‘La forma es impermanente: no tengo confusión alguna acerca de esto, venerable señor; no tengo dudas de que lo que es impermanente es insatisfactorio. No tengo dudas de que, en consideración a lo que es impermanente, insatisfactorio y sujeto a cambios, no tengo más deseo, codicia ni afección. La sensación es impermanente… La percepción es impermanente… Las formaciones mentales son impermanentes… La conciencia es impermanente: no tengo confusión alguna acerca de esto, venerable señor; no tengo dudas de que lo que es impermanente es insatisfactorio. No tengo dudas de que, en consideración a lo que es impermanente, insatisfactorio y sujeto a cambios, no tengo más deseo, codicia ni afección’”.

“Así sea, amigo”, respondieron aquellos monjes, y partieron de ahí. Entonces, no mucho tiempo después de que aquellos monjes se hubieron ido, el Venerable Vakkali usó el cuchillo.

Entonces, aquellos monjes se acercaron al Bienaventurado, le rindieron homenaje, se sentaron a un lado y le entregaron el mensaje. Acto seguido, el Bienaventurado se dirigió a aquellos monjes con estas palabras: “Venid, monjes, vayamos a la Roca Negra de la pendiente Isigili donde el miembro del clan Vakkali usó el cuchillo”.

“Sí, venerable señor”, respondieron aquellos monjes. Después de lo cual, el Bienaventurado, junto con el grupo de los monjes, fue a la Roca Negra de la pendiente Isigili. Y el Bienaventurado visualizó de cierta distancia al Venerable Vakkali yaciendo en el lecho con el hombro torcido. En esa ocasión, una nube de humo, un remolino de oscuridad se movió hacia el Este, luego hacia el Oeste, luego hacia el Norte y luego hacia el Sur, hacia arriba y abajo, y hacia los cuartos intermedios. Y el Bienaventurado se dirigió a los monjes con estas palabras: “¿Habéis visto, monjes, esta nube de humo, este remolino de oscuridad que se movió hacia el Este, luego hacia el Oeste, luego hacia el Norte y luego hacia el Sur, hacia arriba y abajo, y hacia los cuartos intermedios?”.

“Sí, venerable señor”.

“Éste, monjes, es el Mara, el Malvado quien vino a buscar la conciencia del miembro del clan Vakkali, preguntando: ‘Dónde ahora ha sido establecida la conciencia del miembro de clan Vakkali?’. Sin embargo, monjes, con la conciencia no establecida, el miembro del clan Vakkali ha alcanzado el Nibbana final”.